28 febrero, 2011

De copas hablamos aquí.

La luz que se colaba por la ventana me despertó, apenas lograba enfocar pero pude ver su espalda desnuda a mi lado. Por un momento me asusté y no sabía dónde diablos estaba, con quién, ni nada.

Quite el brazo que tenía encima de mi y bajé de la cama buscando mi ropa. Él tipo despertó y me preguntó a donde iba. Sólo sonreí y comencé a vestirme. Me senté en la cama para amarrar mis tenis cuando me abrazó y me dijo que teníamos que repetirlo. Fue cuando sentí ese nudo en el estómago, la señal de que tenía que salir huyendo.

-No lo creo- contesté con una sonrisa de lo más cínica. Argumenté tristemente que yo no repetía y menos con alguien como él.
Recogí mis cosas, amarré mi cabello y salí del cuarto. En la sala estaban mis amigos más dormidos que borrachos. Había sido una noche muy pesada.

Recordé que salí del trabajo y con mis compañeros fuimos a un bar por Bosques para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Era un lugar fresa, bastante underground y sobre todo, barato.
Celebramos, reímos y demás, no recuerdo que tomaba pero seguro no era poco.
Un chavo me marcaba al celular para invitarme a una fiesta, lo comenté con mis acompañantes y emprendimos el viaje a Satélite.
Puedo confirmar que la fiesta era aburrida, yo seguía bebiendo, otra cosa diferente a lo del bar. Después de un par de horas alguien dijo que el plan era movernos a otro lado. Yo dependía de mi amigo y su auto, él dijo si. Manejó por varios minutos, paramos en un oxxo y seguimos. Sentía que estaba realmente lejos. El departamento, clásico de soltero, era un desmadre; como pude me senté en un sillón. Seguimos bebiendo, otro tipo de licor que de sólo recordarlo me de vergüenza.
Así fue como terminé a dos horas de mi casa en brazos de un desconocido, bueno ni tanto.

Mientras regresaba a las 10 de la mañana del siguiente día, pensaba que sólo quería dormir. No había dolor de cabeza, no había nauseas, nada. Sólo sueño.
¿Porqué cuento esto? 22 no es igual a 27.

Ayer mientras moría de una cruda mal plan, me acordé de eso. Qué fácil era beber a los 22, y ni que decir a los 17 años. Sinceramente no bebí demasiado y el cuerpo me mataba. Tal vez la cruza de licores o qué se yo, pero no estaba bien.
-El vodka es para los jóvenes- dijo un amigo por msn.
Comencé a reír, cuanta razón tenía. A mis 20 años yo no tomaba whisky, era de hombres grandes. Y ahora, sólo tomo eso porque no da cruda, que jodida vida la mía. Supongo que de ahora en adelante será beber una, dos o tres copas y salir del lugar; y no rogar que me maten al día siguiente.
Triste situación, mucho más que James Franco de host en los óscares (tenía que sacarlo goe).