10 marzo, 2011

Opening... and closing.


Antes de trabajar en la galería no tenía ni la menor idea de arte; a pesar de ser fan de Salvador Dalí y que me gusta la obra de Leonora Carrington y Remedios Varo, no tenía idea del surrealismo en sí.
Como lo he comentado, me gusta el chisme detrás de esos cuadros, amores perdidos, vicios a voces y sueños locos.
He aprendido mucho, y puedo apreciar mejor lo que me gusta, lo disfruto y se que me emocionaré hasta temblar cuando esté en el Museo de Dalí.
Pero no hablaré de las emociones y el sentimiento que me despierta el surrealismo, el caso es: no me gusta el arte.
Muy bonitos lo cuadros, muy bonitas sus vidas, muy bonitos los eventos; la chinga está en trabajar en eso. Organizar una exposición me pone los nervios de punta, los artistas son un fastidio siendo divas o siendo gente sin sentido. Muchas veces, hablar con ellos es como hablar con un perro y aún así, el perro entiende más. No digo que todos sean así, hay chavos buena onda (no gays wee) que pueden razonar más allá del arte.

¿Quién ha ido a una inauguración? Seguramente dos de ustedes o nadie, la gente normal como yo creo que nunca se ha parado en una galería y menos para una inauguración. Se cita a la prensa, la gente bonita vip, los artistas y los borrachos. Así es, no ustedes, no yo, no mis amigos; gente profesional del alcohol que su único propósito es beber gratis y platicar con la gente que aparece en el periódico.

No lo creía cuando me platicaban, pero en mi primera inauguración ahí estaban. Tan radiantes con sus harapos, señores de 60 años, señoras de 60 años, empinando el codo con singular alegría. Tras dos años de trabajar aquí, ya los reconocía. Si no iban, los extrañaba; si me hablaban, les hacía el feo; si tropezaban, me reía; eran mi diversión.
Yo creo que son la verdadera personalidad, una obra de arte viviente en una exposición; sin duda alguna, la gente que voy a extrañar más.

Pero por no dejar de lado, la gente socialité también es borracha, sólo que mejor vestida. Disimulan pasear por la sala, observando un cuadro (cuando no tienen ni puta idea del artista o del estilo), platican como si fueran conocedores y sobre todo, posan.
La gente más importante en una inauguración es: el fotógrafo. Disimuladamente lo persiguen, lo acosan para tener el momento adecuado y posar frente a la cámara. Me los imagino buscándose una semana después en los periódicos (no me los imagino, lo he visto).

Al terminar la noche, sólo quedan vestigios de una fiesta, no una muestra de arte.

Próxima expo: 5 de Abril, Paralelas Contemporáneas. Julio Verne 14, Polanco.