12 agosto, 2011

Mi mejor amigo, mi mejor olvido, mi mejor... ¿qué?

Pudieran ser las hormonas, el clima, la enfermedad mental o simplemente porque soy una mujer cursi y ridícula, el hecho es que se me ocurrió escribir del tema que a continuación describo. Tal vez fue el ocio y la falta de trabajo en un viernes por la tarde, pero ahí les va.

En mi alucine, entre imaginarme corriendo por los campos con un hombre sorprendente y entre romper una guitarra eléctrica al estilo Kurt Cobain -bien chafita- en un escenario, se me vino -no sean puercos- a la mente la pregunta: ¿y qué fue de 'fulanito de tal'?

Hace meses, bastantes meses, me había reencontrado con un buen amigo de toda la vida, más que amigo era un perfecto conocido que tenía de la infancia y nunca fue mi amigo. Entre fiestas y reuniones nos empezamos a llevar muy bien y comenzamos a salir -si estás leyendo esto, obvio estoy hablando de ti wey-.
Habían pasado años desde que no tenía un 'mejor amigo', ese hombre que no te ve con morbo -según- y sale contigo hasta para comer un puto pan en la condesa. Salíamos por una chela, a comer, por otra chela, etc.
Podíamos platicar de todo, de los ridículas que son las viejas, de cómo soy rara y puedo hablar de cogidas sin pedos, de mis pedos mentales con los hombres, cualquier tema. Todo iba bien hasta que conoció a alguien, de un día para otro no supe más de él. Desapareció de la faz de la tierra, de las redes y de mi teléfono.
Supongo que encontró cosas más importantes que contarle sus dramas a una pinche vieja loca.

Entre tanto, yo había encontrado otro valedor, platicábamos infinitamente en el msn. De nuevo tenía con quien criticar a las mujeres, a los hombres y demás. Tengo una encantadora forma de hablar y joder a la gente que increíblemente no es eso lo que aleja a las personas, sino las acerca más. De igual forma que el anterior, todo iba chingón hasta que despareció de la faz de mi msn. Cuál sería mi sorpresa, ver días después fotos con una mujer, al parecer había encontrado el amor y perdido la amistad.

Debido a circunstancias curiosas, encontré a otro más. Nunca pensé que sería alguien muy especial para mi -ven? si estoy mal- y que se convirtió en un super amigo. Platicamos, reímos, criticamos, jugamos, pendejeamos y todos los amos existentes. ¿Qué podía salir mal ahora?

Lo que estén pensando es totalmente correcto. Por un momento, pensé que había algo mal conmigo. Después de meditarlo, entre la fiebre y el dolor de panza, entre el antibiótico de las 11 pm y el de las 7 am llegué a una conclusión, conmigo no podían coger.

Ante tal revelación no pude más que decirme, ' sí mi madre me hubiera regalado esa guitarra eléctrica a los 14 años, ahora sería una gran estrella de rock'.

03 agosto, 2011

Buu...

Este tema quería guardarlo para Noviembre, pero es tanto mi vicio que decidí adelantarlo. No me refiero a los teibols, hablo de fantasmas.
Supongo que entre el público existen varias creencias, encontraremos a los escépticos, los creyentes y los vale madres. Por primera vez no me encuentro en estos últimos.

¿Por qué escribir acerca de este tema? En primer lugar, me surgió la idea hace un par de semanas. Clásico que se te muere la abuela -ok, ni tan clásico- y comienzas a dormir junto a su cadáver -ok, cenizas- porque tu casa es muy pequeña y tu familia es muy grande, tanto que perdiste el sorteo y te tocó el sillón viejo de la sala, junto a las flores, velas y la abuela.
No me considero una persona miedosa, un poco paranoica si, pero muchas veces depende del grado de locura y drogas que traiga encima. Ha sido de las noches más tranquilas que he pasado, a excepción del puto frío que me calaba los huesos. No culpo a mi abuela, culpo al clima del pueblo.

Estando 4 días en tan triste evento, comencé a escuchar las clásicas historias acerca del 'alma' de mi abuela y demás. El día que falleció, cuenta la muchacha que trabaja en casa (tan pudiente yo goee) que la 'sintió', la perra se puso inquieta y gimoteaba como cuando la veía. Realmente estaba asustada y presintió algo malo, a los 10 minutos le avisaron que la señito había fallecido. No vean el trauma para la pobre muchacha, sobre todo porque ahora duerme en su habitación.

Así hubo muchas historias, que las flores se movían solas, que el abuelo no puede dormir por que tiene miedo, que mi madre la sintió en la cama, etc. En mi estancia no sentí nada, no tuve miedo, no vi que se moviera nada; solo moría de frío y tristeza.

Recuerdo que hace años, los abuelos me contaban historias, al crecer en pueblo o ranchos te relacionas mucho con esa  clase de cuentos. El muerto que te quiere dar dinero, la bruja que quiere chupar a tus hijos, el hombre que se convierte en animal -de mis favoritos- o el diablo que se te aparece en medio de la nada con sorprendente apariencia y horribles pies.
Me sabía de memoria las historias, pero disfrutaba cada día que me las contaban como si fuera la primera vez. Soy masoquista, me llegaron a decir alguna vez, por que obviamente me da un poco de miedo pero me encanta ver esos programas, leer libros y ver películas. Que respecto a las películas, en los últimos años no ha salido nada bueno. ¿Qué fue de esos días en que Pedrito Fernandez y Tatiana me asustaban con una muñeca fea?

En lo personal, no he tenido experiencias con fantasmas, tal vez dos hechos extraños que no supe a qué atribuírselos.
En cierta ocasión vivía con una amiga, yo estaba encerrada en mi cuarto viendo una película -no de terror- cuando escuché la puerta principal y que alguien entraba al cuarto de lado. Vi la hora y me imaginé que ella había llegado, al poco rato me quedé dormida.
Al día siguiente, preparaba el desayuno cuando la vi entrar. Le pregunté que anoche había llegado tarde, me observó como si yo estuviera loca y sólo me contestó: Apenas voy llegando.
Afortunadamente ya no vivo en ese departamento pero ella si.

La otra ocasión, estaba en mi cuarto de la casa pequeña del pueblo maldito, leía mientras algo pasaba en la televisión, seguro alguna de esas películas de madrugada. Sólo tenía la luz de la lámpara de noche, en la calle no se escuchaba ni un alma, acaso el aire que resoplaba un poco y hacía un ruido raro en mi ventana.
De repente sentí claramente como alguien posaba su mano en mi hombro, volteé de inmediato y por supuesto que no había nadie, mi cama estaba pegada a la pared y yo le daba la espalda a la misma pared.
Solté el libro y busqué si alguna almohada -me gusta dormir con miles- me había tocado o peor, algún bicho horrible me había atacado, pero no. No había nada.

En ambas ocasiones no supe que pasó, nunca pude explicarme que fue.