28 septiembre, 2011

El diablo vestido de rojo y no es Prada.

Lo único que hice fue aventarle la mochila y darme la vuelta. Sentía la cara ardiendo, como si hubiera estado al sol por horas, sin embargo la neblina y la lluvia no me dejaban ver a donde iba. Lo escuché gritarme y fue todo.
Llevar 2 semanas juntos, después de ser muy buenos amigos y disfrutar cada momento juntos no te preparan para lo que puede pasar en la cuarta semana. Ahí estaba, con el humor en montaña rusa, el diablo oprimiendo y sacando lo peor de mi. 

Realmente todos saben como funciona, unos días antes comienza con una sobre dosis de hormonas malignas que distorsionan la realidad. Es problema fisiológico del cuerpo, el cuerpo femenino. Para otros, es el mismísimo Satanás en persona. 

Puedes amanecer con una sonrisa, levantarte, caminar al baño y deprimirte de lo que veas en el espejo. Meterte a bañar y de repente sentir esa sensación de éxtasis que recorre el cuerpo al ritmo de la caída del agua. Te vistes y te enojas con el pantalón que no cierra cuando apenas hace una semana lo hacía perfectamente.
Agarras tus cosas y sales asustada por que es tarde y mientas madres al camión que no quiso detenerse. Le sonríes al taxista que te lleva al trabajo y sientes ganas de llorar cuando te sientas en tu escritorio al ver los pendientes acumulados.
Te das cuenta y apenas han pasado 3 horas desde que despertaste. Te faltan otras 21 horas para terminar el día y tal vez 120 más para acabar con la pesadilla.

Es una auténtica película de terror, donde la protagonista es una esquizofrénica en busca de una salida. Los personajes secundarios, no comprenden lo que sucede en el mundo de la estrella estelar que muchas veces se convierte en la antagonista. Una sonrisa enorme oculta un horror que puede despertar con una simple palabra, una acción en el momento menos adecuado, una mirada inoportuna. Una explosión sucede y el clímax de este film finalmente se presenta. 
A continuación, los gritos y reclamos invaden la pantalla. Un sudor frío recorre tu cuerpo, una fiebre enfurecida recorre su cuerpo. No sabes que sucede, no entiendes lo que dice y solo esperas tu muerte. 
El llanto comienza cuando tú sentías los últimos segundos de vida, abres los ojos y encuentras frente a ti una criatura indefensa en un estado crítico. Tú eres el culpable, tú eres el villano, tú la estás matando.
Te arriesgas a un encuentro cercano, la tocas con miedo y ella comienza a reír histérica. Definitivamente, ella está loca.

Una dosis de pirilamina es el arma que combate al monstruo, una dosis de ibuprofeno con cafeina lo adormece, un helado lo hace feliz y un beso lo derrotará. Todo esto hasta que pase el efecto, hasta que llegue la noche y duerma la bestia. 8 horas después, el terror regresará y es una historia que nunca finaliza.
No traten de entenderlo, de soportarlo, de derrotarlo, es horror puro que nunca termina.

08 septiembre, 2011

Flowers Galliano

Eran las 16:30 horas y me encontraba sentada en una horrenda banca de la Terminal del Norte, faltaban 30 minutos para que saliera el camión. Trataba de limpiar con el dedo una mancha de mi pantalón negro de vestir, seguramente al salir de la oficina me había manchado con algo;  o en casa, cuando pasé por ropa para el viaje express.
Revisaba el celular en busca de algún mensaje, pero no cambiaba nada, solo bajaba y subía el medidor de señal. Vi mi mano derecha y sostenía una donita espolvoreada de azúcar glas, supe de qué era la mancha que rompía con el equilibrio de mi atuendo negro. Los minutos, tal vez los 30 minutos más lentos que me esperaban, no avanzaban.
Me levanté y caminé hacia el puesto de revistas más cercano, me paré frente a el sin enfocar la vista en algo que llamara mi atención. Sin pensarlo, agarré una revista y la pagué. Regresé a mi asiento y empecé a hojearla.
Era la Glamour de Julio, 2011. Recuerdo que en la portada salía la rubia de Gossip Girl, me gusta esa serie, tal vez por esa razón inconscientemente escogí esa publicación. Me sumergí en accesorios, ropa, zapatos y maquillaje. Olvide mi entorno y solo enfoque en apreciar las fabulosas fotos.
Recordé en donde me encontraba y miré el gran reloj donde me indicaba 16:55. Agarré mi maleta y corrí hacia el autobús.

Son esos momentos en que la moda y la atracción hacía los detalles femeninos ayudan a olvidar todo, lo bueno y lo malo, en especial lo último. En ese momento pasaba por el peor momento de mi vida, una revista hizo que por 20 minutos olvidara todo.

Desde pequeña me he visto atraída por todo ese mundo, incluso alguna vez pensé estudiar diseño de modas pero resultaba muy caro. Era perfecta, me encantaba crear nuevos modelos para la única muñeca que siempre me gustó, una aberración espantosa que aún conservo. Recuerdo a mi abuela regalándome pedazos de telas para que dibujara y recortara, lo único que nunca pude hacer fue unir las piezas, para eso estaba ella. Podría ser una gran diseñadora, hacía cosas muy bonitas y me vestía horrible, como Galliano.

En ese sentido, a la hora de vestir siempre fui un desastre. El hecho de ser extremadamente delgada no ayudaba mucho, sobre todo en autoestima y por eso usaba playeras enormes. Nunca le puse mucho empeño a mi forma de vestir, si era fea para que hacer el ridículo en tratar de verme bien. Todo cambió hasta que cumplí 16 años, esa edad es crucial en la vida, descubres cosas nuevas, revistas nuevas, todo nuevo. De cierta forma, los múltiples consejos -y bastante pendejos- que leía en la revista eran por algo, si los ponía en práctica ayudarían, ¿a qué?, a lo que sea.
Fue así como me vestí de formas bastantes ridículas, los noventas fueron mi momento, el grunge, las Spice girls y Fey estaban en mi armario. Bastante horrenda la combinación pero era la moda, según yo.

Hasta la fecha, sigo sin vestirme como en las revistas, yo si aplico lo del dicho. Puedo vestir bien, puedo vestir mal, pero siempre estoy cómoda. El 15 % de mi sueldo se va en zapatos y bolsas, un 10% en ropa y un 5% en revistas; tal vez seria famosa, tal vez no, tal vez ya hubiera muerto como Amy Winehouse, pero hubiera sido una gran diseñadora.
Lo único que puedo hacer ahora es seguir dibujando modelos que nadie usará, comprando revistas para esos momentos tristes, gastando mi dinero en las rebajas y vistiendo como todo un vagabundo, insisto, pude haber sido Galliano.