29 octubre, 2011

Pesadilla en la cama 8.

La oscuridad invadía completamente mis ojos, no recordaba como había llegado a ese lugar, ni siquiera reconocía lo que me rodeaba, si es que podía ver algo.
Caminaba sin sentido, podía asegurar que alguien me observaba con atención, vigilando cada uno de mis movimientos. Era un bosque, de eso podía estar segura. El olor de la hierba húmeda y el roce de mis manos con la vegetación me lo confirmaban.
Miré al cielo y las estrellas brillaban en el negro manto, los árboles eran muy altos ya que no alcanzaba a ver la luna, era una luna brillante porque se colaban entre las ramas los destellos de su luz.
Me detuve a escuchar, no había viento, no había sonido.

Comencé a sentir un poco de pánico, estaba sola, perdida y era de noche. Seguí caminando hasta notar una luz entre la maleza, mi suspiro de alivio fue lo único que pude escuchar. Por un momento pensé que había quedado sorda.

Caminé deprisa, por un momento tuve la sensación de que algo me perseguía, pero al salir del bosque voltee y no vi nada, solo estaba yo. Frente a mi estaba una casa vieja y enorme; a primera vista podía notar que no habitaba nadie ahí. Me acerque a la puerta y estaba abierta, en ese momento escuché mi voz recordándome la clásica escena de película de terror, esa donde gritas "no entres" y la mujer entra y la matan. Ahí estaba yo, enfrente de la puesta de una casa que gritaba 'asesino en serie' por donde la viera.

No sé dónde diablos estaba, ni cómo había llegado a ese lugar, lo de menos era que tenía unos minutos de vida y un asesino serial terminaría con ella. Entré, caminé hacia un salón a mi lado derecho, al parecer era una estancia con una chimenea al fondo. Las paredes eran de tabique rojo, que por el abandono y la suciedad tenían un color grisáceo. Recorrí lentamente el lugar, había un par de muebles y era todo, ni un cuadro, una lámpara, nada.

Seguía teniendo la sensación de no estar sola, cuando de repente escuché un ruido en una esquina y el brillo de lo que parecían un par de ojos. Un frío recorrió mi cuerpo y me quedé paralizada, con las manos trataba de buscar algo para defenderme, nunca pensé que fuera una persona, lo primero que me imaginé fue un animal.
Saltó enfrente de mí, una mujer desconocida con sangre recorriendo su rostro y manchando su ropa, sollozaba y me agarró por los brazos.
- !Huye, él está aquí¡ -dijo con desesperación y salió corriendo hacia la salida.
Yo estaba aturdida por la sorpresa, no entendía qué pasaba. Escuché un fuerte golpe y pude ver por una ventana como salía volando el cuerpo de la mujer y se estrellaba con un árbol, casi pude escuchar como se rompían sus huesos debido al impacto. Quise moverme pero no podía, no era miedo, era que realmente no podía moverme, algo me aferraba al suelo.

Como de la nada algo me aventó a la pared y me sostenía por el cuello a ella, no podía ver nada. Grité con todas mis fuerzas pero ni un sonido escuché. Sentía la presión sobre mi cuello, sabía que esa noche iba a morir.
De repente escuché una voz enfrente de mí, era la voz más horrible que jamás haya escuchado. Sentí miedo finalmente, no entendía lo que me decía pero me causaba un terror inmenso. Su voz se me grababa en el cerebro, si sobrevivía no la olvidaría jamás. Sin embargo, no entendía que decía.
Comencé a sentir golpes en mi cuerpo, presión en mi pecho y mi cuerpo azotado contra la pared, trataba de defenderme pero era inútil. Me estaba destrozando una fuerza invisible...

... Sudor recorría mi cuerpo, sudor frío. Recorrí con la vista y estaba en mi habitación, apretaba con las manos las sábanas y aún sentía mi corazón acelerado. Puedo jurar que hace unos segundos estaba gritando con todas mis fuerzas, la garganta me dolía.
Prendí una lámpara y eran las 3:03 a.m. Tomé agua como desesperada, sabía que era un sueño, una pesadilla, pero entonces ¿por qué seguía sintiendo ese dolor en el pecho y escuchaba esa voz?