27 agosto, 2012

El hombre que le gritaba a su mamá.

De qué podía escribir que otros no lo hayan hecho. La fiebre de Batman ya pasó y todo aquel que vio la película nos compartió su opinión. Podría escribir de arte y la bonita restauración de la señora Cecilia Gimenez, pero también ya se hizo todo meme posible para reír mil con el "nuevo Jesús".

Por lo que se me ocurrió escribirles una historia de risa o deprimente, depende del punto de vista de cada quien. Hace cuatro años me vi en la necesidad de buscar un departamento urgente, yo no trabajaba y obvio debía ser algo muy, pero muy barato, pero que tampoco estuviera ubicado en el culo del diablo.
Durante una semana, busqué y encontré este lugar medio rancio, pero accesible, grande y barato. Desesperada le hice la chillona al dueño para que dejara el papeleo para después, pero que yo debía cambiarme el próximo sábado y era miércoles. Al parecer, se apiadó de mi y aceptó.
Al siguiente sábado me mude y hasta la fecha, nunca hicimos contrato.

Durante la primera semana, me instalé. Limpié y organicé cosas, la cuales no eran muchas porque no tenía nada, solo libros y cosas personales. Empecé a salir para conocer mi nuevo barrio, a la vuelta, en el edificio que pega justo con mi departamento, se rentaba otro. Recordaba haberlo visto en el periódico y lo tenía entre mis opciones, por suerte nunca lo llegué a ver.
Dentro de esos primeros días, un sábado en que dormía, seguro ya era madrugada de domingo, un grito aterrador me despertó. Como toda pueblerina que soy, desperté con el terror en la garganta y un arma en la mano (por arma me refiero al despertador). No quise prender la luz, capaz que estaban matando a alguien en la calle y luego iban por mi.
No, eso de la paranoia no se me da. De repente, empecé a escuchar mas gritos y fuertes golpes, yo ya imaginaba que entraban en el departamento para robarme (¿libros?), que terminaría descuartizada y en primera plana de la Prensa.
Después de 5 minutos imaginando mi muerte, noté que entre los gritos de dolor decían algo. Me asomé tratando de no mover las cortinas y vi a un tipo cayéndose de pedo en la calle, justo enfrente de la puerta del edificio de a lado. Puse atención y le gritaba a su mamá (?). Golpeaba la puerta con desesperación y mentaba madres.
Cuando me regresó el alma al cuerpo y supe que no sería asesinada, no al menos por ese tipo. Seguí durmiendo, bueno, traté de dormir ya que siguió gritando por horas, incluso hasta que pasó el de los tamales y le mentó la madre.

Así pasaron los meses y el tipo de vez en cuando hacía lo pinche mismo aunque no el mismo día, para ese entonces abajo de ese edificio había una cantina muy coqueta y de poco fiar que lo albergaba y embriagaba hasta más no poder.

Un día, llegué de vagar por la vida y había dos patrullas en la calle y bastante gente alrededor.
Desde mi ventana me asomé para ver el chisme, una mujer discutía y lloraba mientras en una de las patrullas, ya habían subido a un tipo. De momento no lo reconocí, pero mi madre me confirmaría después que era el mismo borracho que pedía que su madre le abriera.

El chisme está así, el sujeto es alcohólico (obvio), ha estado en varios lugares bonitos donde ayudan a la gente que tiene problemas con la bebida, por supuesto, nadie lo ha ayudado. Y en cada pedota que agarra, regresa todo gallito y le parte la madre a su... ¡Madre! Así que la doñita, cada cierto tiempo desesperada, marca a la policía para que se lo lleven y pase un ratito en una celda. Después lo regresan, según ya va a cambiar, pero a la mera hora, todo sigue igual.
Y es entonces, que cada cierto tiempo, el tipo llega gritándole a su mamá para que le abra, golpeando la puerta hasta que se cansa y quedar dormido sobre su vómito.
Me imagino, que al día siguiente lo dejan entrar o lo meten para evitar el ridículo porque nunca lo he visto. Y a pesar de que pasa muy seguido, no me acostumbro y cada que escuchó sus gritos, se me va el alma de paseo.

PD: No pregunten, cómo es que mi madre se entera de todo. Es un don.