06 noviembre, 2012

Memorias de mis zombies tristes.

No había dormido tanto desde hace más de un mes, me dolía la espalda de estar acostada pero definitivo no quería salir de la cama. Me enredé más en las cobijas hasta que me levanté de un golpe y empecé a gritar como niña de 5 años, me había dado un calambre.
En vista de que no me quedaba de otra que levantarme, corrí al baño a pensar en cómo resolver los problemas del mundo. Después de no tener ni puta idea y vaciar toda mi vejiga, salí y me asomé por la ventana. El día estaba nublado, había poca gente en la calle.

Era un fin de semana largo para mi sola, no amigos, no nada, solo yo y mi puta consciencia. No quise quedarme encerrada, parecía que saldría un poquito de sol, lo necesario para no espantarme y bañarme de inmediato.

Mientras me dirigía a mi destino, pensaba en varios títulos de libros que quería comprar, aunque también pensaba que no tenía mucho dinero y solo había cargado con una tarjeta. Empecé a caminar, esquivando gente hasta que me fijé en algo peculiar, había gente disfrazada.

De principio no me extrañó, había sido día de muertos y seguro algunos sufrían de delay. Ignoré todo y seguí caminando entre el mar de gente hasta llegar a la calle que tenía varias de mis tiendas favoritas. Cada vez era más difícil caminar, gente muerta chocaba conmigo y las tiendas empezaban a cerrar. Eso no era posible, eran las 3 de la tarde y era sábado, llegué hasta donde quería comprar ropa y estaba 100% cerrado.

Entré un poquito en pánico y regresé a la tienda de libros. Pasé casi una hora recorriendo todos los pasillos, había olvidado todos los títulos que quería comprar.
Fui agarrando varias opciones y rechazando algunos vendedores que me acosaban, hacía cuentas en la mente y regresaba algunos libros hasta que me formé, la fila era más larga de lo usual así que empecé a tararear una canción.

Cuando llegué a caja y me iban a cobrar, en la puerta se escucharon gritos y vi gente que entraba corriendo con cara de terror. La mujer policía que vigilaba empezó a gritar amenazas hacía la calle. Me extrañé un poco pero no le di mayor importancia,  mientras pagaba, mi gen chismoso de vieja me hizo preguntarle al cajero si sabía algo.
- Creo que se están peleando, ya golpearon a dos chavos.
Esa fue su respuesta, y me dio mis libros.

La puerta de salida es por otro lado, bajé unas escaleras y llegué con un grupo de gente, estábamos encerrados. El guardia decía que era por nuestro bien y en cuanto fuera seguro salir nos abriría.
¡Maldita sea! Eran más de las 4 y yo moría de hambre, si el tipo no me dejaba salir creo que terminaría matándolo. La gente comenzó a desesperarse, afuera se escuchaban gritos y golpes en la puerta, era un caos y yo, yo moría de pinche hambre.

Después de un rato, y verse amenazado, el guardia abrió una puerta pequeña y dejó salir a la gente, uno por uno. Me abalancé a hacía la salida y frené en seco al ver lo que pasaba afuera. Miles de muertos vivientes andaban por la calle con palos en mano y bols... WAIT A MINUTE! Esos no eran muertos vivientes, eran personas ridículamente disfrazadas que golpeaban los negocios y de vez en cuando a la gente.
Caminé por la orilla tratando de no llamar la atención, en la primera calle que pude, di vuelta y me alejé esquivando el mar de gente.

Sin embargo, en los alrededores salían de repente, con sus ropas viejas y sus caracterizaciones de 3 pesos. Seguí corriendo entre la gente solo con un objetivo en la mente... Llegar al KFC de la avenida Juárez, porque tenía antojo desde hace varios días.
Atravesé la marcha con olor a acrílico y pintura vinci, no podía seguir por la misma calle, eran demasiados. Decidí seguir por una paralela hasta que llegué a un singular lugar.
- Pásele señorita.- Me dijo el tipo con traje barato.
Observé el lugar lleno de luces neón y un enorme letrero arriba, creo que no había comida ahí. Sonreí y seguí caminando aprisa, ya me había cansado y el estómago no dejaba de rechinar.
Por fin llegué a la avenida pero para mi sorpresa, la marcha era interminable. Al menos, en este lado no había tanta gente muerta. Vi a lo lejos el KFC y corrí como desesperada, empujé a los muertos que me estorbaban y llegué a la puerta, manchada de pintura roja que imaginé simulaba sangre (chafísima).

Para mi desgracia y mala suerte, EL HOMBRE NO ME QUISO ABRIR.
Le grité cuanta grosería me sé y entonces supe que menos me abriría. Me di cuenta que yo era un zombie más en busca de comida, era uno de ellos sin maquillaje pero con la misma rabia.
Me rendí y entré en el lugar de enfrente, comí y bebí café hasta que volví a ser la misma y pude salir como si nada.