27 marzo, 2013

Día de la Primavera.

Les iba a escribir acerca de un chistoso momento de mi vida que pasó hace unas semanas, de esas cosas cagadas que seguro a nadie le ha pasado. Pero no, me acordé de algo más y preferí contar primero eso y ya luego viene mi vergüenza sexual.

No recuerdo bien pero quiero suponer que en estas fechas en el pueblo hacían un desfile (o tal vez por la feria de las flores) con toda la chamacada. Yo iba en el kinder, teníamos unos meses de haber llegado de la capital y ni idea de las pinches costumbres provincianas.
La culpa de todo lo que a continuación escribiré es de mi abuelo. Por ser un baquetón más en la casa, mi abuela siempre lo mandaba a las juntas escolares. En esa ocasión era justo para organizar la presencia de la escuela en el desfile. Mi abuelo se sentaba hasta atrás para disimular su presencia, nada fácil ya que media 1.87 de alto y usaba sombrero y cabe señalar que era el único hombre en estas juntas y por supuesto, se quedaba dormido.

En una de esas despertó en el momento indicado donde no sabía ni que pedo pero veía que algunas mujeres levantaban la mano, así que él hizo lo mismo. El resultado... ¡Danielita había sido aceptada para ser reina en el carro alegórico de la primavera!
WHAT?!

Mi abuelo llegó con la noticia de que la niña había sido elegida (quiensabecomo) para dicho cargo y que debía ir vestida de reina para ese día. Él nunca dijo que era su culpa, hasta mucho tiempo después nos enteramos, ya que mi infancia había sido arruinada.

Mi abuela era la encargada de decirle a mi mamá, quien tenía dos reacciones: la primera, molestia porque era un gasto pero rapidamente desapareceía para dar paso a la segunda reacción, alegría inmensa porque podría hacer un vestido y podría hacer que me lo pusiera. Sí, ella misma le bordaba toda la chingada lentejuela hasta dejarme vestida como reina gay.

El resultado, desfiles en un pueblo donde la primavera era solo una mención en el calendario y en la publicidad, porque el clima era un pinche frío con neblina y llovizna.
Yo moría de frío y estaba que me llevaba la chingada. Usaba vestido, peinado de caireles y taconcitos, la lluvía me congelaba la cara, obvio no hay foto donde salga sonriendo ¬¬

Eso no fue lo peor, la pesadilla es que mi abuelo cometió la misma pendejada otras 2 veces!!!




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