02 diciembre, 2013

Está de moda entrar en crisis.

Estar sentada en las escaleras no era lo extraño, más bien compartirlas con tres personas en una madrugada muy fría, eso era lo extraño. El tema en común era el próximo aniversario del nacimiento de dos de nosotros. Ella entraba en pánico al pensar en dicha fecha, faltaba más de un mes para ya estaba asustada y hablaba de mil temas revueltos pero sin dejar de pensar en que pronto cumpliría treinta.

Yo no pensaba mucho en eso, tal vez por la gripa que me estaba invadiendo sin que me diera cuenta o solo se me había congelado el cerebro. Todo el año había sido muy raro para mí, y en ese momento el hecho de cumplir treinta años me era indiferente.

Un mes después de la situación en las escaleras, yo estaba al borde del abismo. Había llevado una forma de vivir que nunca me había molestado, qué diablos era diferente ahora que no me dejaba respirar, no podía valerme la vida como antes. Tenía que aferrarme a las cosas, a las personas, a situaciones sin sentido solo porque no estaba preparada para estar sola cuando siempre lo había estado. O simplemente era porque estaba por dejar los veintes y entrar a los treintas.

Me había pasado todo el año pensando en esa situación no tanto porque realmente me afectara, era lo que sucedía a mi alrededor lo que lo complicaba y hacía que viera problemas en todo y el tema en común era eso. Viví momentos que jamás me hubiera esperado y no supe responder a ellas, yo sola me estaba complicando la existencia y no sabía salir de ahí.

Era muy fácil culpar a la crisis. ¿Realmente existe esa crisis o solo es la víctima perfecta para culparla de mis problemas? Comienzo a creer que lo último. Sin embargo, de repente sucedían situaciones relacionadas, surgían pláticas y todo junto me ponía a pensar sí realmente estaba donde había pensado que estaría hace veinte años.

Era una maraña de temas, imágenes y vivencias en la cabeza, y todo se dirigía al mismo final. Dos semanas donde el pánico me invadía, donde mi cerebro repasaba una y otra vez la misma plática de esa noche en las escaleras. Dos semanas donde todo comenzaba a valer madres y la única que terminaría mal sería yo, al menos eso creía.

Las distracciones no eran suficiente y comenzaba a pensar que sí existía tal crisis y maldita sea, la estaba viviendo, sufriendo y no quería sentirme así, no estaba preparada para asimilar esa sensación de vacío, estaba asustada, aterrada sin saber qué hacer, qué decir.

Un día, las sensaciones se fueron, el miedo desapareció y solo estaba la calma. Miraba el techo de mi habítación, repasé los días de caos que había vivido y comencé a reír sintiéndome una idiota. Podía respirar aliviada pensando que tal vez todo estaba en un rincón de mi mente y que solo lo había imaginado. A estas alturas ya no lo sé, porque todo seguía igual, nada había cambiado pero me sentía tranquila y con mil ideas en la cabeza, mil ideas para empezar de cero y dejar todo atrás.

¿Crisis? Aún no lo sé, pero no me siento diferente, soy la misma de hace una semana y aún así, todo es distinto. Tal vez solo necesitaba un poco de pánico para ver lo que podía cambiar, borrar lo que no quiero, buscar lo que necesito y que me siga valiendo la vida como hace un año.

1 comentario:

Alejandro Rivera dijo...

Fue algo así como "Superar crisis de los 30, Chalenge Accepted"?